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Dulce es el sabor que nos deja este maravilloso piso en el centro de Barcelona, desde el que podemos recorrernos a pie los principales lugares de interés, y en el que después podremos relajarnos y disfrutar de sus amplias estancias, del lujo de sus altos techos rematados en exquisitas molduras y la calidez de sus suelos de madera de jatoba.
Ha sido reformado de arriba a abajo, cuidando hasta el último detalle e incluyendo piezas únicas de valor incalculable, como el fabuloso y antiguo armario de luna que viste el hall y que nos da la bienvenida al otro lado de la puerta de entrada. El aire lo impregna una mezcla de estilo clásico y contemporáneo. El salòn, con chimenea francesa, tiene tres confortables sofás de piel, una mesa de comedor de madera de wengué para 10 y una biblioteca con rincón de lectura. La cocina y los baños son de último diseño.
Los dormitorios todos con camas dobles que pueden separarse según necesidades, tienen espacio de sobra para utilizarlo como vestidor. Los cabeceros de las camas son de piel y madera de wengué. El tono de las paredes en un suave gris y la iluminaciòn ambiente, combinan perfectamente con el color de los suelos y del moderno mobiliario y contrasta con el blanco de molduras y puertas, que se han conservado tal y como eran antiguamente.
El piso es tan grande que incluso cuando lo disfrutan 8 ò 10 personas, nunca se queda pequeño porque está lleno de espacios privados deseando ser descubiertos; incluso hay una acogedora terraza donde desayunar a solas.
Su situaciòn es única. En una de las zonas más de moda de Barcelona, está al lado del Mercado de Santa Caterina del célebre arquitecto Enric Miralles, que se ha convertido en lugar de culto para estudiantes de arquitectura de todo el mundo. Muy cerca del Palau de la Música, de la Catedral de Barcelona, en El Borne junto al barrio gòtico y a menos de 400 metros de Plaça Catalunya.








