Escapadas de un día para una estancia larga
Cuando lleva tres semanas en una ciudad, y no tres días, escaparse un fin de semana deja de ser opcional. Estas son las tres salidas que siempre acaban recomendándose a quien se queda el tiempo suficiente como para necesitar una, con las indicaciones para llegar a cada sitio.

Priorat, para pasar el día entre viñas
A unas dos horas al suroeste de Barcelona, el Priorat es una de las zonas vinícolas más singulares de España: viñedos en terrazas empinadas sobre suelo de pizarra volcánica y pequeñas bodegas familiares en lugar de grandes salas de cata. El tren regional R15 llega directo; hay que bajarse en Marçà-Falset, unas dos horas por trayecto y en torno a 12 euros la ida. En coche se queda en hora y media larga. Sea como sea, organícese con antelación: en la estación no hay forma de continuar el viaje, así que necesitará que la bodega le recoja, un taxi de la zona reservado de antemano o una excursión que incluya el traslado. Una vez allí, el coche es lo que más libertad da, porque le permite ir saltando de pueblo en pueblo y entrar en bodegas sin reserva a su ritmo; eso sí, si va a hacer más de una cata, acuerde quién conduce. Es un plan de día completo, no una visita a toda prisa: deje la tarde libre y no intente encajar más de dos o tres bodegas.

Montserrat, la escapada que menos planificación exige
Montserrat es la más fácil de las tres sin coche. Coja el R5 de FGC desde Plaça d’Espanya, no desde Barcelona-Sants; sale una vez por hora y el trayecto de subida dura algo menos de dos horas. Desde la base tiene dos opciones: el Aeri, el teleférico, son cinco minutos, aunque puede suspenderse si hay mucho viento, mientras que el cremallera tarda unos quince y es mejor opción con carrito o en grupos grandes. El billete combinado Trans Montserrat, de unos 50 euros, incluye el tren y un transporte de subida en un solo pase, y sale más a cuenta que comprar cada tramo por separado. La montaña en sí, escarpada y sin nada parecido en los alrededores de Barcelona, ya justifica la excursión, y entre el monasterio y los senderos de los alrededores es fácil llenar el día entero. Si quiere hacerlo bien, reserve el día completo, cerca de diez horas de puerta a puerta contando el rato en la basílica y un paseo por la cresta; o déjelo en media jornada si solo busca las vistas y el teleférico.

Costa Brava, para un día que no parece una excursión de un día
Al norte de la ciudad, las calas y los pueblos de la Costa Brava saben más a escapada marinera de verdad que a salida rápida, pero esta es la única de las tres en la que el coche marca la diferencia. Begur y Calella de Palafrugell están a unas dos horas en coche; Cadaqués se acerca más a dos horas y media. Hay autobuses desde la Estació del Nord a los tres destinos, pero son lentos, de dos a casi tres horas según el pueblo, y a las calas más pequeñas y al Camí de Ronda realmente solo se llega en coche. Si prefiere no conducir, Calella de Palafrugell es la opción más cómoda en autobús. Si conduce, plantéesela como un día completo o con noche incluida, en lugar de intentar encajarla antes de una videollamada por la tarde.
Cómo encajarlo en una estancia larga
Ninguna de estas escapadas necesita más de un día para merecer la pena, aunque la Costa Brava agradece quedarse a dormir si su agenda lo permite. Si lleva aquí el tiempo suficiente como para que la propia ciudad empiece a volverse rutina, cualquiera de las tres suele ser el remedio. Y coordinar traslados y entradas tampoco tiene que hacerlo usted: pídanoslo y nos encargamos del traslado al Priorat, de las entradas de Montserrat o de un conductor para la Costa Brava.
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